El poder sanador del diseño biofílico

04/11/2021

Sé que acabamos de conocernos pero, ¿puedo pedirte un favor? Cierra por un momento los ojos y transpórtate a un lugar que te genere tranquilidad y bienestar. Ahora, ¿puedo preguntarte a dónde has viajado? ¿Estás en la orilla de una playa donde el sol y la brisa marina acarician tu piel? ¿Quizás en un bosque escuchando el rumor de las hojas mecidas por el viento? Seguro que acierto si te digo que, independientemente de dónde te encuentres, estás en contacto con la naturaleza. ¿Me equivovo? Pues bien, eso es la biofilia: la constatación de que los seres humanos necesitamos del contacto con la Naturaleza y otras formas de vida para sentirnos felices; una relación esencial para nuestra salud y correcto desarrollo psicológico. Esta biofilia es el fundamento del diseño biofílico, que podemos definir de forma genérica como una práctica de diseño sostenible que incorpora elementos propios del mundo natural en interiores construidos por el ser humano con el objetivo de mejorar efectivamente la salud y bienestar quienes los habitan.

El origen del término biofilia

El primero en utilizar el término biofilia, entendido como amor a la vida y a los seres vivos, fue el filósofo y psicoanalista Erich Fromm (“The heart of Man”, 1964).

Sin embargo, fue el biólogo especializado en evolución Edward O. Wilson quien desarrolló este concepto con mayor detalle y sugirió que esta profunda filiación que los seres humanos experimentamos hacia el entorno natural está enraizada en nuestro ADN, como consecuencia de los millones de años durante los que nuestra supervivencia como especie dependió de la estrecha relación con el medio ambiente (“Biophilia”, 1984).

Posteriormente, el profesor Stephen R. Kellert enunció hasta 70 mecanismos que posibilitan crear una experiencia biofílica en las edificaciones humanas. Su innovador enfoque sentó las bases de una arquitectura de la vida, que promueve la construcción de entornos saludables y productivos, contribuyendo a restablecer la conexión entre ser humano y naturaleza en el entorno urbano.

Los beneficios del diseño biofílico

Sentimos amor por la naturaleza, por las plantas, las aves y un largo etcétera de seres vivos que prácticamente han desaparecido de nuestras ciudades, donde residimos más de la mitad de la humanidad, recluidos en viviendas y edificios de oficinas (o en automóviles o medios de transporte).

Las estadísticas ponen de manifiesto que esta ruptura con el medio natural nos hace infelices y nos enferma.  De hecho, los expertos hablan ya del síndrome de tristeza urbana.

En este contexto, el diseño biofílico se presenta como una herramienta imprescindible para restaurar el vínculo que nos une a la naturaleza,  garante de nuestra buena salud y bienestar.

Diversos estudios de laboratorio o de campo verifican que el contacto con la naturaleza mitiga la fatiga mental, mejorando nuestra capacidad de concentración, y favorece el equilibrio emocional. De hecho, en los entornos naturales sufrimos menores despuntes de tensión, ansiedad, ira, confusión o alteración del estado de ánimo que en los entornos urbanos. En el ámbito fisiológico, el contacto con la naturaleza produce respuestas que incluyen la relajación muscular, la disminución de la presión arterial y la reducción de los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en el torrente sanguíneo.

¿Cómo se aplica el diseño biofílico?

Aunque en próximos artículos te iré dando ideas concretas para que puedas beneficiarte de la aplicación de los principios del diseño biofílico en tu hogar, hoy sí me gustaría comentarte que existen tres formas de abordar el diseño de un interior desde una perspectiva biofílica.

La primera consiste en introducir la naturaleza en nuestros interiores de forma directa o literal. Basta entonces con que abramos puertas y ventanas y demos la bienvenida a plantas y animales de compañía. Es fundamental despejar las vistas hacia el exterior  (si se tiene la fortuna de disfrutar de vistas a un entorno natural o un jardín); potenciar las entradas de luz natural; cuidar de la correcta circulación del aire, de la temperatura y de la humedad ambiental; incluso incorporar el agua a través de fuentes o acuarios.

Otra forma de inundar nuestra casa de naturaleza es a través del uso de elementos que nos la recuerden de forma indirecta o análoga.  Elige siempre materiales naturales (maderas, piedras, cueros, lana, algodones y linos) que envejecen con dignidad, adquiriendo una hermosa pátina.  Esta percepción del paso del tiempo es fundamental en el diseño biofílico porque nos recuerda al ciclo de la vida. Los estampados inspirados en el mundo vegetal, la abundancia de texturas y las formas orgánicas son también muy efectivas; las relajantes paletas de colores naturales, irrenunciables.

Por último, cuando tenemos la oportunidad de intervenir arquitectónicamente, es importante que nos concentremos en la creación de un interior más natural, donde emulemos las configuraciones espaciales que se dan en la naturaleza. Debemos favorecer la perspectiva, para satisfacer nuestra necesidad innata de vigilancia y planificación;  crear rincones donde refugiarnos, donde nos sintamos protegidos; o jugar con luces y sombras que nos inviten a sumergirnos en el medio ambiente.

Con todo lo dicho, ¿te gustaría disfrutar de los beneficios del diseño biofílico en tu hogar o lugar de trabajo? Ponte en contacto conmigo y nos ponemos manos a la obra.

¡Un abrazo!

La fotografía que acompaña a este artículo es una de las localizaciones de Beach Studios. El proyecto de interiorismo es de Atlanta Bartlett y Dave Coote.

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